Panadería coreana Harehare: tour completo por sus panes
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Por qué Daejeon se volvió la ciudad del pan
Cuando se habla de Daejeon, una ciudad al centro de Corea del Sur, no se puede dejar por fuera el tema del pan. Cada vez que menciono que voy para allá, alguien suelta enseguida: "Ahí hay cantidad de panaderías, ¿no?" Y la verdad no se equivocan, porque de panaderías buenas hay unas cuantas. Las panaderías coreanas tienen la costumbre de mezclar el pan europeo con ingredientes locales o de sacar combinaciones que uno no se espera ni por asomo, y Daejeon es justamente una ciudad donde esa cultura panadera se ha desarrollado bastante. Esa fama ya se le quedó pegada. Por eso, cada vez que me toca ir, me nace pasar aunque sea por una panadería. Este verano me tocó ir a Daejeon y el lugar que escogí fue Harehare Bakery, sede Gasuwon.
Harehare Bakery, sede Gasuwon

El edificio es bastante grande. Está plantado justo en una esquina, así que desde lejos lo primero que uno ve es el logo con forma de sol. La fachada combina ladrillo y concreto, y se siente más pesada de lo que uno se imagina. Más que una panadería, parece una tienda conceptual de esas fancy. Yo estacioné en un parking público cerca y me fui caminando.

A través de la puerta de vidrio se sentía justo eso que uno pensaría. Es más pequeña de lo que parece. Por el nombre o la fachada uno asume que va a ser enorme por dentro, pero cuando entras, no es tan grande. Hay unas cuantas vitrinas con panes puestos bien juntos, y con que entren diez personas, el sitio ya se llena. Aun así, las bandejas apiladas y la forma en que los clientes agarran el pan con guantes plásticos en vez de pinzas, todo está bastante ordenado a su manera.
Primera vitrina
Pan de crema de melón y jukpa prigle



Apenas entré me quedé pegada en la primera vitrina. No iba con ningún plan de qué comprar. El pan de crema de melón ocupaba más de la mitad de una vitrena entera, y al lado había uno llamado pan de fresa "doro" (ドーロ), que era fresa y crema encima del pan. El precio marcaba 5.000 wones (unos Bs. 135), y el de crema de melón 3.200 wones (unos Bs. 87). Como no traía unidad me despisté al principio, pero después caí en cuenta de que eran miles.
En la vitrina de al lado había un croissant de frutas de temporada. Fresas puestas encima del croissant con azúcar glas espolvoreada, aunque la verdad se veía un poco exagerado. También había mochi de fresa. Mirando así de pasada, se notaba que habían armado el menú pensando en la temporada de la fresa.
Pero el jukpa prigle sí me agarró por sorpresa. Un donut con topping de cebollín y un chorro de mayonesa, en plena panadería. Ahí solito entre pura cosa dulce, el único salado del lote, y rarísimamente combinaba bien con los sándwiches envueltos en papel de periódico que tenía al lado.


La vitrina estaba dividida en dos zonas. Una era de panes dulces, con un pan largo parecido al éclair, soboro (un pan coreano con cobertura tipo streusel) y pan con salchicha apilados por capas. En la repisa de arriba había unas hogazas grandes horneadas con pinta rústica, pero estaban tan altas que uno se quedaba dudando si la mano del empleado llegaba hasta allá.
Zona del pan yakisoba

Cuando me devolví a la vitrina abierta, la cosa ya era distinta otra vez. Croissants, un pan que parecía pastel de manzana, pan tipo pizza, pan de molde empacado, sándwiches, todo mezclado en una sola mesa. Como sin categoría, puro pan y ya. En el medio vi un pan empacado con una etiqueta que decía "arroz", que al parecer era pan hecho con harina de arroz. Había entrado pensando en comprar una sola cosa, pero a estas alturas ya estaba quedando más difícil escoger.




Desde esta zona el límite entre panadería y tienda de comida rápida se empieza a borrar. Ese ir y venir de dulce y salado, dulce y salado, los coreanos lo llaman 'danjjan danjjan', y el pan de cebollín dulce-salado hacía honor al nombre, con queso derretido y medio tostado arriba soltando un olorcito que abría el apetito al tiro. El banhotteokseu de queso crumble a 4.200 wones (unos Bs. 113) tiene un nombre que confunde, y la forma tampoco ayuda. Redondo y aplastado, ni uno sabe si es un hotteok (una torta coreana rellena y frita) o un scone, y había como veinte apilados en fila.
Pero el pan yakisoba sí me llamó la atención. Fideos salteados, osea yakisoba, metidos entre dos rebanadas de pan, que es una combinación común en Japón. Costaba 3.800 wones (unos Bs. 103) y al lado tenía el pan de soba con crema, con un sticker de "producto nuevo". Soba mezclado con salsa de crema dentro del pan, según decía. Me quedé mirándolo un buen rato.
Castella y pan mammoth


Justo al lado de la caja estaba esto. Una castella con el logo de Harehare grabado uno por uno, versión mantequilla y versión chocolate puestas una al lado de la otra. La individual entre 5.600 y 6.100 wones (unos Bs. 151 a Bs. 165), y si la comprabas en set salía en 12.200 o 12.700 wones (unos Bs. 330 a Bs. 343). La gente que las lleva de regalo las escoge bastante por acá. El puro grabado del logo hacía que ya no se vieran como pan común sino como algo empacado a propósito.

Este es el pan mammoth nostálgico del que todo el mundo habla cuando menciona Harehare. Cuesta 5.600 wones (unos Bs. 151), y si lo miras de lado se ven capas de crema y otra capa que no sabes si es pasta de frijol rojo o mermelada de fresa, una encima de la otra entre el pan. Acuérdense del pan "mammoth" de antes, el que vendían en las panaderías de barrio. Ese pan grueso y denso con crema batida por montones. Pues esto es la versión evolucionada. Trae un sticker que dice "mantener refrigerado", así que sí se lo puede llevar uno para la casa sin drama.
Sección de pan saludable
Pan de castaña, campagne, bagel



La vitrina del otro lado tenía otro ambiente completamente. Ahí era donde estaba la sección de pan saludable. Tenían un cartel pegado que decía "sin mantequilla, sin huevo, sin azúcar", y debajo unos panes densos tipo centeno o baguette. Había unos con arándanos rojos, y otros horneados con pinta de nurungji (el arroz tostado del fondo de la olla). El que tenía sticker de "producto popular" creo que era el campagne de arándano y queso, pero cuando llegué ya quedaban poquitos.
El pan de castaña de Gongju estaba alineado en moldes de papel, con pedazos de castaña asomando por encima de la masa y soltando olor a canela. 6.000 wones (unos Bs. 162). Al lado estaba el campagne de maíz y queso, ese pan rústico de corteza gruesa, pero acá con maíz y queso por dentro. Al verlo en corte, la miga amarilla estaba bien tupida. Este también a 6.000 wones.
El bagel de cebolla traía sticker de "best seller" más una notita que avisaba de guardarlo en el congelador y comerlo frío para que sepa mejor. 4.600 wones (unos Bs. 124), y por fuera se veían las semillas de sésamo negro mezcladas en la masa, con pinta sustanciosa. Para ser un bagel de panadería, tamaño pequeño no tenía.
Las zonas donde la vista se frena




Intenté seguir, pero no pude.
El gâteau de malvavisco me agarró la mirada. Unos redondos aplastados cubiertos de coco rallado, apilados, y según el cartel por dentro tenían torta de chocolate con arroz y malvavisco. 3.800 wones (unos Bs. 103). Tenía sticker de "best seller", así que me imaginé que debía venderse bastante.
En la bandeja de al lado había un pan largo que se veía recién horneado, lleno de semillas de sésamo pegadas por toda la superficie, con la etiqueta "albahaca tomate". 5.900 wones (unos Bs. 159). La descripción decía masa orgánica con albahaca y tomate, rematada con queso crema, y el olor a horneado se sentía bien fuerte. Este sí me hizo dudar de verdad.
La sección de los financiers tampoco era fácil de pasar de largo. En un plato había tres sabores: chocolate, caramelo salado e higo. 2.900 wones la unidad (unos Bs. 78). Son unas pastas francesas rectangulares y aplanaditas que llevan bastante mantequilla, y al lado apenas estaban sacando del horno un pan pizza con aceitunas.



Cerca de la caja me llamó la atención algo en un vaso azul. El scone de nuez, horneado dentro del mismo vaso que traía impreso el logo de Harehare. El vaso también tenía grabado que fue elegido como producto destacado de panadería en Daejeon en 2020. La pinta se parecía tanto a un vaso de heladería que por un momento me confundí.
El rusk crocante venía en un vaso transparente con tapa tipo cúpula, y todos los pedazos eran bien tostaditos. 4.800 wones (unos Bs. 130). Son pedazos de pan horneados dos veces para que queden crujientes, y verlos así servidos en vaso no es común, por eso llamó la atención. Al lado había una bolsa transparente con sticker de Harehare donde tenían rebanadas gruesas de pan paradas. En el corte se veían pasas o algo parecido incrustadas, con pinta de panettone. Estaba cerca de la ventana y la luz pegaba justo en el corte, lo que terminaba haciendo que se viera más apetecible.



Había unos panes alargados abiertos al medio con un cuchillo y rellenos hasta reventar con crema batida blanca, puestos en fila en la bandeja. La crema parecía que iba a desbordarse, y de lado se veían las capas estilo croissant. No logré ver el nombre, pero solo con verlos se notaba que la gente alrededor los iba agarrando uno tras otro.
El pan de pasta de arvejas estaba a 3.500 wones (unos Bs. 95). La masa estaba cortada como con varias rajas y horneada, y entre esas rajas asomaba el relleno verde de arvejas. Encima llevaba láminas de almendra, así que el color era bien vivo. ¿Se acuerdan del danpatppang, ese pan coreano relleno de pasta de frijol rojo? Imagínenselo en versión arveja verde. El pan con salchicha era grandote. La punta de la salchicha salía por fuera del pan y encima tenía unos granos tupidos, que parecían quinoa o algún cereal molido grueso, horneados a full.
Zona del pan de molde




Había una zona solo con puros tipos de pan de molde. El pan integral costaba 4.500 wones (unos Bs. 122) y en la etiqueta ponía que era 70% harina integral, y el color se notaba distinto de una vez. Mucho más oscuro que el pan de molde normal y con pinta más sustanciosa. El pan de molde de arroz estaba a 5.000 wones (unos Bs. 135), hecho con arroz en vez de trigo, horneado en un bloque de seis piezas que uno va arrancando una por una. El pan de molde de leche a 4.800 wones (unos Bs. 130). Los costados estaban todos inflados sin mucha forma y era el más grande de todos, básicamente el pan de molde más básico que tenían.
Aunque uno entre nada más que a comprar un pan de molde, en esta zona fijo te demoras escogiendo.
Vitrina de tortas



Como era temporada de fresa, todas las tortas iban de fresa. El "Campo de Fresas" a 39.000 wones (unos Bs. 1.053), el "Campo de Fresas con Chocolate" a 40.000 wones (unos Bs. 1.080), y el "Campo de Fresas Hecho con Arroz" a 30.000 wones (unos Bs. 810), con un sticker de "sin gluten" este último. La torta por los lados mostraba capas de fresa cortadas a la vista, así que el relleno se veía completo desde fuera del vidrio.
Al lado había dos tipos de torta vegana: la vegana de crema batida a 35.000 wones (unos Bs. 945) y la vegana de crema con chocolate a 36.000 wones (unos Bs. 972). Las etiquetas decían "sin huevo, sin leche", pero a la vista eran casi idénticas a las tortas normales. En los ingredientes ponía que usaban crema a base de avena. Yo no iba con idea de comprar torta, pero en esa zona uno igual se queda un rato parado frente al vidrio.





Había más variedad de tortas de lo que uno se imagina. Algunas con forma de animalitos: la Mungnyoju a 35.000 wones (unos Bs. 945), toda redondita hecha de crema blanca con fresas y arándanos pegados encima. Al lado la de conejo a 36.000 wones (unos Bs. 972), una torta personaje con orejitas y todo, y la torta de mango con crema a 34.000 wones (unos Bs. 918), que destacaba por el amarillo tan vivo.
La torta del Dragón Azul costaba 36.000 wones (unos Bs. 972) y llevaba un dragón azul decorativo encima. No sé si era por el año del dragón o solo por el diseño, pero fue ahí donde más tiempo se me quedó la mirada. La sokola heart estaba a 29.000 wones (unos Bs. 783). Era la más económica del grupo y venía servida en un recipiente que parecía de vidrio.
Sección de sándwiches








Después de pasar la zona de tortas venía la sección de sándwiches, y esta también tenía lo suyo en tamaño. Ciabattas envueltas en papel tipo periódico con cintas de colores, apiladas a full en bandejas, y a la derecha, por separado, sándwiches estilo hamburguesa en envases transparentes puestos en fila. Que una panadería tenga tanta variedad de sándwiches es medio inesperado.
Las ciabattas venían en varios tipos: ciabatta de pollo BBQ, ciabatta de camarón con pesto de albahaca, ciabatta de pechuga de pollo y ciabatta de mozzarella. Las que tenían la envoltura a medio quitar para mostrar el corte traían rellenos distintos: la de pollo BBQ tenía el tono oscurito de carne asada al fuego, y la de camarón con pesto mostraba capas de camarón y queso.
La ciabatta de mozzarella venía en dos formatos: una envuelta en papel de periódico y otra metida en un pan redondo dentro de un envase transparente. La que estaba en envase tenía tanta lechuga por dentro que se salía del pan y la tapa casi ni cerraba.
El sándwich de bierham estaba en un envase transparente con el corte a la vista. El bierham es un jamón prensado de cerdo, y este llevaba huevo, lechuga y tonchima. El rosadito del corte se notaba bien clarito. Uno entra pensando que es una panadería, pero en esta zona perfectamente podía uno resolver el almuerzo.
Galletas y empaque para regalo




Me llamó la atención una leyenda estampada en el empaque: "Casa del Campeón del World Baking Cup de París, Francia". Galletas planas cubiertas de chocolate y galletas redondas con láminas de almendra por encima, puestas en bolsas transparentes con el logo de Harehare, donde el empaque en sí ya estaba listo para regalar.
Al lado había otras galletas empaquetadas individualmente: choco rebain, royal chocolat, galletas de coco, apiladas bien tupidas en una bandeja negra. Algunas tenían un sticker de "50% harina de arroz", y varias llevaban el logo de Harehare grabado directamente en la superficie de la galleta. El grabado era tan nítido que ni falta hacía abrir el empaque para saber de dónde venían.
A un lado había cajas de set de galletas exhibidas aparte. Venían en dos tamaños, de 5 y de 8 unidades, y dentro de las cajas azules llevaban galletas de distintos tipos empaquetadas una por una y puestas en fila. Parece que los que las compran son sobre todo los que buscan un souvenir de Daejeon o algo para regalar.
Lo que al final me llevé



Al final escogí el jukpa prigle y dos panes mocha. El único salado en medio de tanto dulce terminó llevándose la mirada más que ningún otro. El pan mocha me lo entregaron en una bolsa de papel, y la bolsa decía "Pan Mocha Flotante". Para ser solo una frase en el empaque, es un nombre con bastante confianza.
Al salir afuera, el sol pegaba más duro de lo que pensaba. Como era verano, el cambio de temperatura entre adentro y afuera era brutal, y caminando con la bolsa azul de Harehare hasta el estacionamiento ya iba sudando un poquito.
Si hay algo que criticar, es que no había un buen espacio para sentarse a comer adentro. En la entrada sí tenían unas sillas, pero estaban justo en medio del paso de la gente que entraba y salía, y sentarse ahí quedaba medio incómodo. Al final me quedé dando vueltas con la bolsa afuera y me devolví al carro.
Ya en el carro abrí la bolsa del jukpa prigle. Subió un olor a cebollín saladito, y mi esposa, que iba de copiloto, soltó un "¿y esto qué es?" mientras me robaba un mordisco. Cada vez que llegamos a una panadería coreana se impresiona con estas combinaciones, pero esta vez, sin decir nada, fue directo por otro bocado. No supe si fue elogio o qué, pero con esa reacción me sobraba.
El pan mocha lo probé ya en casa, y el asunto del nombre "flotante" parece que tiene explicación, porque la textura es bien livianita. La cáscara tiene una leve tostada y por dentro está blandito. El sabor a café mocha se siente sutil, pero si uno va esperando un golpe de café fuerte, quizás la cosa sea un poco distinta.
Darle una vuelta al local me tomó más tiempo del que calculé. Pero eso pasa siempre cuando uno se queda mirando pan, vaya a donde vaya.